
Boom del verano
Estos pequeños artilugios eléctricos son cada vez más frecuentes sobre el asfalto abrasador, pero los médicos avisan que pueden crear una falsa sensación de protección y que hay que seguir alerta
Son las 11 de la mañana de un día laborable de mediados de julio en Barcelona y la humedad y el calor empiezan a ser complicados de gestionar. Stephany Hijar, estudiante de 25 años, camina con las dos manos ocupadas: en una, el teléfono móvil; en la otra, un ventilador de mano. Se lo ha regalado este año su cuñada y reconoce que ya es un imprescindible para salir por la calle. Hasta el verano pasado era el abanico el que le ayudaba a mitigar el calor, pero se ha cansado de abanicarse.
Esperando en la parada de autobús, la peluquera Núria Rendón (52 años) se refresca a ella, a su hija y a las amigas de esta con un pequeño ventilador de color rosa. En casa tiene abanicos “de mi abuela y de mi tatarabuela”, bromea. Pero los calores y la menopausia le han obligado a dar el salto a la tecnología, cuenta. Una amiga que regenta una ferretería le explicó las bondades de estos ventiladores y decidió adquirir uno por 15 euros. “Tiene para cargar el móvil, si lo necesito”, explica esta ciudadana que reconoce que para ella es hoy un objeto casi vital para salir a la calle.
El abanico sigue siendo para muchos ciudadanos (o ciudadanas, porque el público más fiel es el femenino) un imprescindible para soportar el calor extremo en un espacio caluroso, ya sea en interior o en exterior. Pero en los últimos años otro artilugio, también importado de Oriente, empieza a ganar peso entre los ciudadanos (aunque aquí, otra vez, hay que hablar más de ciudadanas): los ventiladores individuales. Proporcionan aire sin esfuerzo apretando un botón y ya los hay de todos los precios y cada vez más modelos: desde el clásico que se sujeta con la mano hasta el que se cuelga en el cuello. Los vendedores califican de “verdadero éxito” este producto al alza para convivir con el asfalto abrasador de la ciudad. Sin embargo, los médicos avisan de que su uso puede llevar a conductas de riesgo o a exponerse más de la cuenta porque refresca con menos esfuerzo que el abanico, y piden que el manejo de estos aparatos no haga que se baje la guardia en cuanto a protección frente al calor.
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Combatir el calor
Boom de ventas: “Acaba siendo una compra impulsiva”
Los precios de estos ventiladores oscilan desde los tres euros si se compran en un bazar de barrio hasta los 40 si se quiere un modelo más sofisticado en un gran establecimiento. Que el producto vive un verdadero boom lo constatan los datos. En MediaMarkt, por ejemplo, los de mano han registrado “un crecimiento cercano al 70 %”, apuntan fuentes de la multinacional alemana. Y dentro del abanico (nunca mejor dicho) de modelos, los de pequeño tamaño y también los de diadema de marca propia son los que más se están vendiendo. Los ubican en la línea de cajas, por lo que reconocen que “acaba siendo una compra muy impulsiva, que se potencia por su coste reducido y por la ola de calor que estamos sufriendo”.
Protegerse de las altas temperaturas
“Se corre el riesgo de exceso de confianza”, avisan los médicos
Estos dispositivos ayudan a soportar el calor, pero ¿su uso comporta riesgos? Los expertos los aprueban como una medida de alivio, pero advierten que su uso no debe generar una falsa sensación de protección y que se deben seguir adoptando el resto de las medidas, como no exponerse al sol en horarios centrales o seguir una buena pauta de hidratación. “Se corre el riesgo de exceso de confianza”, reconoce el médico intensivista del hospital Vall d’Hebrón de Barcelona, Alfredo Guillén. El facultativo recuerda que estos dispositivos son muy populares en países como China o Japón, con “medidas de humedad similares a las nuestras”, y que no dejan de ser una “versión moderna del abanico”, pero que el hecho de no tener que hacer esfuerzo para conseguir aire puede llevar a “exponerse sin necesidad al sol”. Avisa que recibir aire directo puede generar la sensación de sobrellevar mejor el calor extremo y que ello “no debe hacer desatender el resto de medidas igualmente importantes”. En una línea similar se expresa la doctora Olga Torres, directora de la Unitat de Geriatria del hospital de Sant Pau. Reconoce que estos aparatos dan sensación de confort, pero que pueden comportar el riesgo de exponerse “más de lo necesario” al calor. Por eso recuerda que es recomendable no hacerlo en las horas centrales del día y que hay que seguir bebiendo agua en abundancia a pesar de no tener sensación de sed.
El calor extremo hace que la industria no deje de idear soluciones. Y si la venta de ventiladores de techo sigue creciendo verano tras verano a un ritmo “superior al 50 %”, ahora se suman los ventiladores individuales. Todo ello, explican desde la empresa, confirma el interés de los consumidores por soluciones de climatización “cada vez más variadas” para hacer frente a las altas temperaturas.
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Entre la variedad de dispositivos existentes, algunos permiten, además, liberar las manos colgados del cuello o en forma de diadema. Esta última era una de las opciones de Rendón, que finalmente descartó por el elevado precio. A pesar de tener cariño al abanico y reconocer que lo sigue usando en momentos puntuales, para esta mujer el ventilador es una verdadera salvación, aunque le ve el inconveniente de que debe recordar cargarlo, algo que no le sucede con el abanico. Hijar tampoco ha abandonado del todo el abanico, especialmente porque la batería del ventilador, que lleva siempre enfocado a la cara, se acaba pronto, cuenta. Y aunque no sale de casa ya sin el ventilador, no olvida tampoco hidratarse ni protegerse con crema.