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La basílica combina su condición de monumento internacional con el de una parroquia con una actividad religiosa muy intensa
Cada hora entran en la Sagrada Família unas 1.500 personas, lo que supone cerca de cinco millones de visitantes al año y convierte a este monumento en uno de los más visitados del mundo. Sin embargo, detrás de esta imagen de icono turístico se esconde una parte mucho menos conocida. La Sagrada Família es una iglesia activa con una intensa vida religiosa y parroquial.
“Funciona con dos registros muy claros”, explica el rector de la Sagrada Família, Josep María Turull. “Por un lado, ejerce como iglesia parroquial para la comunidad más cercana y por otro, como santuario de dimensión internacional que recibe a peregrinos de todo el mundo”.
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Sara Sans, Maria Sierra, Sofía Amadori (vídeo), Nico Escorcia (vídeo)
Mientras miles de turistas recorren la nave central, en la cripta las celebraciones religiosas se suceden sin interrupción. Cada mañana se celebran misas en distintos idiomas, como español e inglés, además de la misa diaria en catalán y el rezo del rosario.
La actividad parroquial se intensifica todavía más los fines de semana cuando se celebran los bautizos, las primeras comuniones y bodas. “Estas actividades cumplen la función para la que Antonio Gaudí concibió el templo, como una iglesia”, recuerda Turull. Es por eso que estas celebraciones cotidianas de la comunidad y las oraciones se ofrecen en la cripta, con un ambiente más íntimo y recogido que contrasta con la gran nave de la basílica que busca elevar la experiencia espiritual a través de la arquitectura y la luz.
Pero mantener en funcionamiento una parroquia dentro de un edificio de estas dimensiones también requiere adaptarse a las necesidades actuales. Es por eso que la construcción de la Sagrada Família continúa incorporando espacios de servicio que permiten desarrollar la actividad litúrgica. En este reportaje visitamos las nuevas dependencias subterráneas bajo la sacristía que se han construido por la necesidad de tener espacio de almacenaje y otros usos funcionales que Gaudí no llegó a proyectar pero que “resultan imprescindibles para el funcionamiento diario del templo”, explica Turull. El arquitecto sí había previsto las dos grandes sacristías, destinadas a guardar los objetos litúrgicos y dar servicio a los sacerdotes.
Más de un siglo después del inicio de las obras de la Sagrada Família, la basílica sigue creciendo como un lugar de culto que mantiene viva la función para la que fue concebida por Gaudí: una gran iglesia y una gran parroquia.
Este reportaje forma parte de una serie especial de tres capítulos sobre la Sagrada Família. A través de su simbología, su historia y su dimensión religiosa, la serie explora algunos de los aspectos menos conocidos del templo de Gaudí.