Nacidos (también) el 4 de julio: así influye la cultura de EE.UU. más allá de sus fronteras

Nacidos (también) el 4 de julio: así influye la cultura de EE.UU. más allá de sus fronteras

250.º aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos

El cine, la literatura, la música, el teatro y el arte estadounidenses impregnan el mundo entero

No existe una sola persona en este mundo que no haya sido influida por la cultura de Estados Unidos. Aunque otros lugares del planeta gozan hoy de una creciente ascendencia en ciertos campos, nada puede compararse al influjo de una superpotencia que presenta grietas en otros aspectos, pero no en el de generar películas, series, libros, obras de teatro o de arte que disfrutan de una difusión global.

A los 250 años de su Declaración de Independencia, EE.UU. provoca una ambivalencia: sus relatos, sus imágenes, su música o sus mitologías ya son también los nuestros pero, a la vez, suscitan un fuerte debate sobre el poder, la identidad, la libertad o el lugar del individuo en la sociedad. Desde Hollywood hasta el jazz, desde Faulkner hasta Toni Morrison, del expresionismo abstracto al hip hop, de Broadway a Silicon Valley, la cultura estadounidense sigue moldeando nuestra manera de leer, mirar, escuchar... e incluso pensar.

Ofrecemos un recorrido no exhaustivo sobre unas propuestas cuyo peso global no se explica únicamente por su poder económico o geopolítico, sino por una extraordinaria capacidad para convertir conflictos, contradicciones y sueños en obras universales. Entender ese legado es no solo comprender una parte esencial de la cultura contemporánea, sino también a nosotros mismos.

CINE El imperio de Hollywood y Spielberg

Los estadounidenses son grandes maestros del entretenimiento. Pese a que los hermanos Lumière son venerados como los padres del cine, desde inicios del siglo XX la industria norteamericana del séptimo arte ha ido expandiendo su dominio en las pantallas mundiales con todo tipo de géneros. En la era del cine mudo dejó su impronta Charles Chaplin, un actor británico que triunfó en la tierra de las oportunidades en la piel de un entrañable vagabundo como Charlot. Buster Keaton y el dúo cómico El gordo y el flaco son otros iconos de una industria incipiente que tuvo su punto álgido con la irrupción de Walt Disney y su universo animado, creando una de las corporaciones más grandes del planeta.

Si se habla de cine americano se habla de Hollywood, una fábrica de sueños de la que han salido películas que han reescrito la cultura popular y que siguen fascinando generación tras generación, superhéroes incluidos. Orson Welles revolucionó el lenguaje cinematográfico, entre otras cosas, con Ciudadano Kane y una enigmática palabra: ‘Rosebud’. Coppola coronó una trilogía maestra con El padrino . Pero si hay un director estadounidense que ha dejado un legado inigualable ese es Steven Spielberg, el más taquillero de la historia. Su Tiburón causó furor como el primer blockbuster hace más de medio siglo. Luego vendrían otros éxitos como E.T. el extraterrestre, Indiana Jones, La lista de Schindler o Parque Jurásico. El día de la revelación es su último trabajo.

Y hablando de Indiana Jones, el intrépido arqueólogo que inmortalizó Harrison Ford surgió de la mente de otro colega avispado de Spielberg, George Lucas, artífice de Star Wars, la saga galáctica más rentable e influyente desde que aterrizó en las salas en 1977. Sus personajes siguen creando títulos como la reciente The Mandalorian and Grogu . / Astrid Meseguer

MÚSICA Entre el show y la protesta

“¡Puerto Rico!”, fue lo primero que dijo Bad Bunny cuando recogió el primer Grammy al mejor álbum que se otorgaba a un trabajo no interpretado en inglés. El autor de Debí tirar más fotos reivindicó la música latina con orígenes tanto en el Caribe como en la Nueva York de Willy Colón y La Fania en un país partido en dos por las políticas de Donald Trump, donde la música mexicana se escucha en todas partes de la mano de Fuerza Regida o Peso Pluma.

En el mismo combate entraron dos veteranos como Neil Young, que publicó la canción Big crime, y Bruce Springsteen, que coronó sus declaraciones contra el hombre del tupé pelirrojo publicando Streets of Minneapolis para expresar su rechazo a la actuación del ICE, la policía paramilitar antiinmigración al igual que Billie Eillish, que en la gala de los Grammy afirmó que “nadie es ilegal en tierras robadas”.

Más allá de estas declaraciones, no puede decirse que los tiempos estén cambiando en la música estadounidense, que mantiene su idilio con el dólar mientras Taylor Swift culmina sus planes de boda. La cantautora encabeza una lista de mujeres con cifras millonarias donde se encuentran Lady Gaga, Beyoncé, Sabrina Carpenter, la propia Billie Eilish o Olivia Rodrigo. Pop ligero donde la introspección personal y el hedonismo mandan sobre las reivindicaciones sociales. Algo similar a lo que sucede en el rap, protagonizado por las peleas entre Kendrick Lamar y Drake con Kayne West al fondo diciendo barbaridades.

Este nuevo starsystem musical es el que impulsa una industria que permitió a la promotora Live Nation, la más importante a nivel global, facturar 25.000 millones de dólares en el 2025 y agotar las entradas de bandas como Backstreet boys o Metallica en la faraónica Sphere de Las Vegas, símbolo del país que convirtió Woodstock en un anuncio de Coca Cola y el grunge en una línea de ropa. Porque pase lo que pase, el espectáculo debe continuar. / Sergio Lozano

LITERATURA Renovación sin canon, y Stephen King

Sin indiscutibles como Twain, Hemingway, Faulk­ner, Plath, Salinger, Steinbeck, Ursula K. Le Guin, Burroughs, Kerouac, Bukowski o Bradbury ¿se ha diluido la influencia literaria de EE.UU.? Ya no podemos ni contar con contemporáneos como Shirley Jackson, Toni Morrison, Philip Roth, Paul Auster o el malogrado David Foster Wallace, pero su peso se mantiene, también en parte por las adaptaciones del audiovisual.

Hay bastante consenso en que el más destacado literariamente es Thomas Pynchon, a quien no le pasa factura evitar todo tipo de promoción. Autores como Don DeLillo, Joyce Carol Oates, Jonathan Franzen o George Saunders dejan huella, junto a nombres como Elizabeth Strout –su última novela, Cuéntamelo todo , reúne los personajes de las ramas de Olive Kitteridge y Lucy Barton– y Alice Walker –aún se mantiene la impresión de El color púrpura–. Autores que hablan de la negritud, como Jamaica Kincaid –caribeña naturalizada estadounidense– o Percival Everett –con su James reciente–. La obra de Siri Hustvedt no deja de sorprender a sus lectores, ya sea novela o no ficción –su último libro, Historias de fantasmas , relata el luto por la pérdida de Paul Auster–, y la figura de Patrick Radden Keefe crece a medida que insiste en sus investigaciones periodísticas –en septiembre llega El hijo del oligarca –.

Pero el autor norteamericano vivo que más ha marcado la cultura actual es probablemente Stephen King, mucho más que un maestro del terror. En fantasía, George R.R. Martin – Juego de tronos y su universo– y Brandon Sanderson. ¿Negra? James Ellroy, Dennis Lehane, Chuck Palahniuk, Bret Easton Ellis... No olvidemos a Dan Brown. ¿Superventas? También el romantasy de Rebecca Yarros y Sarah J. Maas, como antes Stephenie Meyer con Crepúsculo .

¿Influencia popular? Tal vez habría que recordar la obra de autores diferentes como Patti Smith o Bob Dylan. / Francesc Bombí-Vilaseca

TEATRO Y MUSICALES Nuevos clásicos del siglo XX

Los escenarios se han nutrido de dramaturgos estadounidenses, algunos de los cuales se han convertido en clásicos contemporáneos. Es el caso de Arthur Miller y Tennessee Williams. Del primero, se han revisitado títulos como Tots eren fills meus (la última vez en el Teatre Lliure, 2023), Muerte de un viajante (de la que se vio una versión protagonizada por Imanol Arias en el Romea, 2022), o Panorama des del pont y Les bruixes de Salem. De Williams, La Perla 29 presentó una nueva versión de El zoo de vidre (2024), y Un tranvía llamado deseo y La gata sobre el tejado de cinc son obras actualizadas periódicamente.

Los autores estadounidenses vivos también están presentes. David Mamet tiene algunas obras que se están convirtiendo en clásicos, como Glengarry Glen Ross, que Àlex Rigola montó de nuevo en su Heartbreak en el 2024. Y aquel mismo año, Josep Maria Mestres volvió a dirigir Un matrimoni de Boston , en La Villarroel.

En Barcelona también se ha visto más de una vez La forma de les coses , de Neil LaBute, la última en la sala Versus Glòries (2024). Un año y medio atrás, y ahora regresará, el Teatre Lliure montó el macroespectáculo L’herència, de Matthew López, y esta misma temporada, por la sala Beckett pasó Paula Vogel con la conmovedora Com vaig aprendre a conduir. Tanto los clásicos del siglo XX como las obras actuales retratan unas sociedades occidentales en decadencia, que se reflejan perfectamente a los dos lados del Atlántico.

Por otra parte, los escenarios se nutren de los grandes musicales norteamericanos. A veces como franquicias y a veces como producciones propias, títulos como Chicago, A chorus line, Mamma mia! o Company pasan por nuestros teatros a menudo. Ello ha alentado un fenómeno nuevo, que es el de los musicales de creación propia, un primer paso para emanciparse de Broad­way. / Magí Camps

ÓPERA Y CLÁSICA La filosofía del adiós a lo viejo

La modernización es la gran tendencia en Estados Unidos para salvar el género operístico y la música clásica. No se trata de fiarlo todo a montajes arriesgados: las grandes instituciones han apostado por creadores contemporáneos y voces diversas para atraer a un público más joven. El Met de Nueva York estrenaba óperas en español y obras basadas en novelas modernas. El último sueño de Frida y Diego, que explora la vida de los pintores mexicanos, es la primera ópera en español que presenta el Met en décadas, y la actual temporada la inauguró con la adaptación de Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay , la novela con la que Michael Chabon ganó el Pulitzer hace 25 años.

También han ganado popularidad las óperas de cámara y las representaciones en lugares inusuales, como los cementerios históricos, que han dado lugar a proyectos site-specific. El de Woodlawn, en el Bronx, ha acogido representaciones de micro óperas impulsadas por la NYU Tisch School of the Arts e inspiradas en las vidas de algunas de las personas que ahí yacen.

La clásica, a su vez, lucha por sobrevivir a golpe de repertorio de compositores vivos, que ya representan el 14% de los programas de las orquestas, que no tienen pudor a la hora de mezclar la clásica con el jazz o el gospel para conectar mejor con su comunidad. La Generación Z y los Millennials exigen experiencias visuales y formatos diferentes.

Gustavo Dudamel, que ahora será director titular de la New York Philharmonic, ha roto la barrera entre la música clásica y la popular durante sus años al frente de la L.A. Phil. La creación de YOLA, la orquesta juvenil gratuita que se inspira en el modelo del Sistema de Venezuela donde él se formó y que atiende a 1.700 jóvenes del condado de Los Ángeles, es uno de sus grandes legados. Dudamel les ha llevado a actuar al Walt Disney Hall o a la Super Bolw, con Coldplay, Beyoncé o Bruno Mars. / Maricel Chavarría

ARTE ​Artistas contra la ideología MAGA

En los días previos a la inauguración de la Bienal de Venecia, las multitudes que se arremolinan en torno a los diferentes pabellones nacionales son el barómetro más fiable del interés que despiertan. No acostumbra a haber muchas sorpresas. Como en la vida, las mayores colas siempre están ante los representantes de las potencias planetarias. Alemania, Japón, Reino Unido, Francia... Y, por supuesto, Estados Unidos, que sin embargo este año sufrió el desaire de la indiferencia. Más allá de un posible castigo del mundo del arte por su enconado belicismo, la propuesta de un escultor autodidacta prácticamente desconocido, Alma Allen, pero vinculado al círculo íntimo de Donald Trump, cosechó las críticas más descarnadas. Fue escogido después de que nombres como William Eggleston y Barbara Chase-Riboud declinaran la invitación para que no se les asociara con la Administración Trump, que, además, introdujo en la convocatoria la exigencia de “reflejar y promover los valores estadounidenses”.

Sin embargo, y a un tiro de vaporetto, los visitantes de Venecia pueden ver a dos de los artistas más interesantes de la escena artística estadounidense, cuyo trabajo e influencia se encuentra en las antípodas: Lorna Simpson (en Punta della Dogana) y Arthur Jafa (Fundación Prada). La primera, junto a Carrie Mae Weems y Kara Walker, es la figura más destacada de una generación de artistas negras que obligaron al mundo del arte neoyorquino a despertar y prestar atención a formas más diversas e inclusivas que hoy marcan nuestra visión del arte (y de la vida). Y el triunfo de Jafa, cineasta que aborda temas propios de la comunidad negra en un ámbito predominantemente blanco, es también ejemplo de que las puertas se están abriendo a pintores extraordinarios como Kerry James Marshall. Expuso en Barcelona, en el Museu Tàpies, en 2014. Era casi un desconocido. Hoy está en la cima de su popularidad y es señalado como el mejor pintor vivo de los EE.UU. / Teresa Sesé

PENSAMIENTO ​Pragmáticos, trascendentes y hasta justos

TexEl primer movimiento filosófico estadounidense fue el trascendentalismo. Surgido en la primera mitad del XIX desde el mundo religioso de la iglesia unitaria, que creía en la capacidad de mejora humana, tuvo sus nombres clave en gente como Ralph Waldo Emerson y Henry David Thoreau, cuyos libros, como Walden , no paran hoy de ser reeditados. Frente a la conformidad irreflexiva de la sociedad de su tiempo, los trascendentalistas sienten que una nueva era está al alcance. Emerson pide que cada persona encuentre “una relación propia con el universo”. Una relación que ellos hallan escribiendo y en su relación con la naturaleza, como Thoreau, que abandera “una vida con principios” y que abandona la casa familiar en 1845 para instalarse en una cabaña en el bosque donde “vivir intensamente la vida de principio a fin”.

En la segunda mitad del XIX otra escuela estadounidense: el pragmatismo de William James, C.S. Peirce y John Dewey. Una escuela que en vez de buscar verdades absolutas se centra en dar significado a cada cosa por sus consecuencias prácticas. Utilitarista, propone buscar cuáles de nuestras creencias sirven para resolver nuestros problemas. Ligada para algunos al sistema económico del país, para otros sintetizó preocupaciones anteriores.

El objetivismo de Ayn Rand (El manantial, La rebelión de Atlas), emigrada de la Rusia de 1926, ha tenido impacto en el país con sus preceptos de actuar de acuerdo con el propio interés individual y el laissez-faire capitalista: uno de sus discípulos fue Alan Greenspan. Y la potencia de las universidades ha dado en el último medio siglo grandes figuras, de Martha Nussbaum a Judith Butler, de Richard Rorty y Hilary Putnam a Daniel Dennett, sin olvidar a John Rawls y su Teoría de la Justicia con su famoso velo de la ignorancia: elegir las reglas de una sociedad justa imaginando que no conociéramos la posición económica, social o étnica en nuestra vida. / Justo Barranco

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