
Tres de cada diez niños y niñas españoles viven en riesgo de pobreza o exclusión, una de las tasas más altas de la UE
La pobreza prolongada afecta a la salud, al rendimiento educativo y a las oportunidades laborales futuras de niños y adolescentes. La Fundación "la Caixa" lucha por revertirla
La pobreza infantil se ha consolidado como uno de los grandes desafíos sociales en España. Lejos de reducirse, el problema se ha intensificado en las últimas décadas y, sobre todo, se ha vuelto más persistente. En torno a tres de cada diez niños y niñas se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social, una de las tasas más elevadas de la Unión Europea. “La pobreza infantil en España es tremendamente alta”, advierte la economista Olga Cantó, catedrática de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Alcalá y una de las mayores expertas mundiales en desigualdad y pobreza. Pero lo que más preocupa no es solo su magnitud, sino su duración: “Estas situaciones se alargan mucho en el tiempo. Es una pobreza más severa y más duradera que hace veinte años”, apunta.
Ese carácter estructural marca un punto de inflexión. Tras la crisis de 2008, muchas familias no lograron recuperar su nivel de vida y la pobreza se cronificó. Hoy, una parte importante de los menores vive y permanece durante años por debajo del umbral de pobreza. Y eso, subraya Cantó, tiene consecuencias profundas, “No es lo mismo pasar un año en dificultades que pasar cuatro. Cambia radicalmente la vida de esos niños”, advierte.
Desventaja inicial
La pobreza prolongada afecta a la salud, al rendimiento educativo y a las oportunidades laborales futuras de niños y adolescentes. “Tienen más problemas de salud mental, más probabilidad de enfermedades y menos oportunidades de empleo de calidad”, explica. A largo plazo, esa desventaja inicial se traduce en trayectorias vitales más precarias, con dificultades para ahorrar, emanciparse o acceder a un piso.
De hecho, datos recientes analizados por Olga Cantó, junto a los investigadores, Luis Ayala, Carolina Navarro, Rosa Martínez y Marina Romaguera, de la Universidad de Alcalá, en colaboración con el Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa”, muestran cómo estas desigualdades se extienden más allá de la infancia. Entre los jóvenes de 18 a 29 años, cerca de uno de cada cinco vive en hogares con dificultades para llegar a fin de mes, una proporción superior a la del conjunto de la población. Aunque la situación ha mejorado respecto a los peores años de la crisis –cuando más del 40% de los jóvenes declaraba dificultades económicas–, la recuperación es lenta e insuficiente. Además, la precariedad laboral marca su realidad: durante años, más de uno de cada cinco jóvenes ocupados ha vivido en hogares por debajo del umbral de pobreza, reflejo de empleos de baja calidad.
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Entidades sociales
El papel de las entidades sociales resulta, en este contexto, fundamental. Programas de apoyo a la infancia vulnerable han demostrado su eficacia a escala local, pero no pueden sustituir la acción pública. “Mejoran mucho la vida de las personas, pero no pueden cambiar la realidad por sí solas. Eso lo hacen las grandes políticas”, afirma Cantó.
La colaboración entre administraciones, entidades y sector privado contribuye a mejorar la intervención, pero la experta insiste en que el cambio requiere decisiones estructurales y recursos sostenidos. “Si tienes un 30% de pobreza infantil, no puedes resolverlo solo con iniciativas puntuales”. Y advierte que la falta de acción perpetúa la desigualdad y tiene un coste económico elevado. Estudios recientes sitúan el impacto de la pobreza infantil en más del 5% del PIB, debido a la pérdida de productividad y al aumento del gasto social. “La no acción nos cuesta muchísimo dinero”, dice Cantó.
Más allá de las cifras, lo que está en juego es el futuro de una generación. “Si no actuamos ahora, tendremos una sociedad con más problemas, más tensión social y menos oportunidades”, remarca Cantó.
La fuerza de las oportunidades
Para contribuir a romper este círculo de desigualdad, la Fundación ”la Caixa” impulsa programas de acción social para infancia y juventud, como CaixaProinfancia, Incorpora Joven, Becas de Grado, Convocatorias de Proyectos Sociales, Más Infancia y Más Empleo Joven. Cada año, más de 140.000 niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad reciben apoyo a través de estos proyectos desarrollados junto a una red de entidades sociales. En 2026, la Fundación destina más de 700 millones de euros a la transformación social para actuar allí donde las necesidades son más urgentes.
Desde hace más de 120 años, la Fundación ”la Caixa” trabaja para generar oportunidades y acompañar a las personas. Esta trayectoria se inicia a principios del siglo XX, con la creación de ”la Caixa” promovida por Francesc Moragas, y continúa hoy con la Fundación ”la Caixa”, presidida por Isidro Fainé.
Entrevista a Marc Simón, subdirector general de Social de la Fundación "la Caixa"
‘La lucha contra la pobreza solo es efectiva si se hace con apoyo y trabajando en red’
El modelo de la Fundación "la Caixa", basado en la colaboración con entidades y en programas de largo recorrido, pone el foco en la pobreza infantil. Marc Simón explica las claves de esa estrategia
¿Qué puede hacer la Fundación "la Caixa" en un contexto social cada vez más complejo? Contribuir a una sociedad más justa y con más oportunidades para todos, sobre todo para quienes más lo necesitan. No podemos resolver todos los problemas, pero sí impulsar soluciones que tengan un impacto real en la vida de las personas.
¿Dónde ponen el foco para lograr ese impacto? En actuaciones que llegan directamente a las personas y que pueden transformar realidades. Buscamos modelos que funcionen y que puedan inspirar otras formas de hacer.
¿Cuál es el modelo de la Fundación para abordar la pobreza? Trabajar a través de entidades sociales arraigadas en el territorio. No realizamos intervención directa masiva, sino que colaboramos con quienes ya conocen la realidad. Esto aporta capilaridad, proximidad y eficacia.
No podemos resolver todos los problemas, pero sí impulsar soluciones que tengan un impacto real
¿Qué aporta este modelo en red? Combina conocimiento y acción. Incorporamos rigor científico en el diseño de los programas y, al mismo tiempo, la experiencia de las entidades. Esto ha profesionalizado el sector y ha permitido crear programas innovadores y escalables.
La Fundación destaca por su dimensión. ¿Qué ventaja supone? Permite cubrir todas las etapas vitales, desde la infancia hasta el final de la vida, y llegar a todo el territorio. Esta continuidad resulta imprescindible si se busca generar cambios sostenidos.
¿Cómo se deciden las prioridades sociales? A partir de escuchar a los expertos y del análisis de datos. Y a través de la observación de lo que ocurre en el territorio mediante las entidades.
¿Cuál ha sido el punto de inflexión en los últimos años? La decisión de abordar la pobreza infantil como prioridad. Si no se actúa aquí, la desigualdad se perpetúa. Es una inversión de futuro imprescindible.
¿Por qué es tan determinante? Porque condiciona toda la trayectoria vital. Con un acompañamiento adecuado, los niños en situación vulnerable pueden alcanzar resultados educativos similares al resto. Sin apoyo, la brecha se consolida.
¿Cómo se mide el impacto de estos programas? Existen indicadores claros, como la inserción laboral o el éxito escolar. Otros impactos son más difíciles de cuantificar, pero se trabaja con datos para entender qué funciona y mejorar de forma constante.
¿Qué resultados destacaría? En educación, los niños que participan en los programas mejoran sus resultados y reducen el abandono escolar. En inserción laboral, el programa Incorpora ha crecido de forma exponencial con un uso muy eficiente de los recursos.
¿Qué papel juegan las entidades sociales en este modelo? Son imprescindibles. Conocen el territorio, mantienen relación directa con las personas y hacen posible el acompañamiento. Sin ellas, el modelo no funcionaría.
¿Y la sociedad en general? La lucha contra la pobreza es responsabilidad de todos. Administraciones, empresas y ciudadanía deben sumar esfuerzos. El futuro pasa por un compromiso colectivo.
¿Con qué mensaje se quedaría? La pobreza no se resuelve con acciones aisladas. Solo con acompañamiento, continuidad y trabajo en red se pueden generar oportunidades reales y duraderas.
Producción: Edicions Clariana | Coordinación: Gemma Martí | Diseño: Marta Sagarra | Maquetación: Enric Abad | Fotografías: Fundación "la Caixa" | Un proyecto de Brandslab. Godó Nexus